sábado, 7 de mayo de 2011

Abre los ojos

Hace ya varios años que la reflexión sobre la música es una de las actividades que más me apasiona, a la que más tiempo le dedico, la que busco por todas partes. Y eso, sin ser músico. La atracción por la música nació en mi casa, con mi familia y, fundamentalmente, mi viejo, él se encarga siempre de que no deje de haber música. Madrugar escuchando Serú Girán, almorzar con el Flaco Spinetta de fondo o bañarse, antes de cenar, sacudiendo la cabeza con Divididos; son escenas de la vida cotidiana en Buenos Aires, en Posadas, en Wanda. Originariamente rockero, con el correr de los años, con el crecimiento y el surgimiento de nuevas inquietudes, mi afición se fue expandiendo al jazz y en los últimos tiempos, lentamente, al folclore.

Pero el rock siempre está. Así como la música. Y su poder sanatorio, energizante. Seguramente cada uno lo sentirá como le salga, a mí la música me acompaña siempre y, en ocasiones, tiene la particularidad de llenarme de energías positivas, de levantarme el ánimo cuando estoy bajoneado, de impulsarme a hacer cosas. Pero no es toda la música que escucho la que logra esa sensación tan espectacular, sino aquellos artistas que más me gustan, que consiguen en este ateo un seguimiento religioso de agradecimiento.

Hace algunos años, cuando estaba terminando la secundaria, la curiosidad me llevó a desempolvar los casettes de Soda Stéreo. Recostado en mi cama, una siesta de sábado, “Corazón Delator” me hizo entender que esa banda acababa de ingresar al grupo de músicos confortantes, sanadores, energizantes. Desde ahí no dejé de escucharlos y pronto me fui haciendo de toda la discografía, internet mediante.

Y después fue el momento de ver qué onda con Gustavo Cerati, de conocer sus trabajos solistas, de explorar su trabajo. Y no hizo más que confirmarme que estaba ante uno los artistas que más me llega, que más me conmueve, que más disfruto. Por eso, en cada desgaste académico, en cada sinsabor amoroso, en cada temor, en cada ansiedad, su música es una de las compañías más gratas. La familia primero, mis amigos luego y, junto a ellos, la música. La música de Cerati.

Este 15 de mayo se cumple un año del Accidente Cerebro Vascular que lo tiene en recuperación, que lo dejó al borde de la muerte, que le cambió la vida. Sería muy egoísta decir que es una pena el no haber podido, hasta ahora, disfrutarlo en vivo. En verdad, a un año, lo que hay que desear es que viva, que mejore, que se levante. Con una persona que ha hecho tanto por uno, sin siquiera imaginárselo, es lo menos que uno puede desear.

Hace un par de semanas, su mamá comentó que hay señales positivas. Las buenas vibraciones, los rezos, los pensamientos, la buena onda, todo opera de alguna manera, seguramente, para que Gustavo mejore.

Así como su música me hace compañía, desde estas breves líneas, desde mi lugar, pienso y deseo su recuperación. Como un guiño del destino, al terminar de escribir la oración anterior, el Winamp me tiró la parte de “Hombre al agua” en la que la letra dice “Amaneció, abre los ojos”. ¿Será una señal? Veremos. Ya llegará el momento en que Gustavo abra los ojos.

sábado, 26 de febrero de 2011

Ciudad de pobres corazones

Yo fui a ver a Fito. Y también a Cristina. Sólo por ellos dos me acerqué a la costanera posadeña el tan promocionado viernes 25 de febrero de 2011 en el que la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) celebró, pomposamente, el haber llegado finalmente a la cota 83, es decir, al pleno funcionamiento de la represa. Luego de 37 años se alcanzó la meta y eso desplegó un operativo político-cultural que, una vez más, a travesó con contradicciones a una Misiones cada vez más llena de agua.

Yo fui a ver a Cristina (Fernández de Kirchner, la Presidenta de la Nación). En 2007 no la voté, ahora pienso cada día más firmemente en votarla. Su gobierno, al igual que el del recientemente desaparecido Néstor Kirchner, me produjo más simpatías que desazones. Pero no puedo sentir una plena adhesión; los sinsabores del kirchnerismo, algunas de sus políticas, algunos de sus funcionarios, no hacen sino replegarme hacia un completo escepticismo por cualquier estructura partidaria. Desde un comienzo, el kirchnerismo impulsó y apoyó fervorosamente la culminación de la EBY. Creo que nunca tomaron real conciencia de los desastres que se estaban causando y, en caso de sí haberlo hecho, no les importó. Al río Paraná lo dañaron, lo transformaron, hoy está cada vez más intratable, más feroz, más alto. El clima cambió, los mosquitos se multiplicaron, las tormentas son cada vez más peligrosas. Pero ello no importó.

Lo peor ha sido la increíblemente fría, racional (¿moderna?), política de desplazamiento de barrios. Todos los pobladores costeros de antaño fueron arrebatados, expulsados, insertados en otro lugar, como si fueran los juegos del Parque Paraguayo que ahora trasladaron a Villa Cabello. Sin importarle el entrelazamiento socioeconómico con el río, sin comprender el valor simbólico y la historia, la EBY decidió que esas personas debían irse. Y las echó. Es cierto que se construyeron nuevos barrios, pero en principio alejados del Paraná, obligando desde el vamos a una readecuación al contexto. Luego, ¿las casas? ¿eran realmente adecuadas? ¿estaban los nuevos barrios conectados al resto de la ciudad? ¿existían los mecanismos sanitarios, educativos, etc.?

Yacyretá es la parte más estruendosamente contradictoria de todo esto. Hace un tiempo atrás, desde un proyecto de la universidad me acerqué al barrio A4, todo un año, y conocí sus problemas. Unos años después, la redacción de la Carta de los Ríos me permitió saber aún más cómo el río había cambiado. Nunca estuve metido de lleno, es cierto, pero tampoco ajeno. No obstante, la EBY también forma parte de mi vida de otra forma: gente amiga trabaja allí, también lo han hecho algunos docentes e incluso este año tuve la oportunidad de conocer la obra, imponente. Entonces, uno piensa, allí dentro ha habido (hay seguramente) personas a las que realmente les importaron las personas. El problema es que, como siempre, son las decisiones de más arriba las que definen las cosas, y allí parecieran poco importar lo que cínicamente el mercado menciona como meros factores sociales a tener en cuenta en cada emprendimiento.

El movimiento anti-represas estuvo presente en el acto de Cristina. Pero, creo, pasó desapercibido. Es que para estos grandes emprendimientos, pareciera, las personas siempre pasan desapercibidas. Además, eran pocos antes las estructuras partidarias que todo acto político siempre despliega. El gran desafío es evitar la construcción de las represas de Corpus y Garabí, aunque aquí nuevamente los gobiernos nacionales (en este caso es un acuerdo con Brasil) están decididos a llevarlo adelante. Pese a que el pueblo, con su voto, ya se opuso a una de ellas.

El acto fue un acto y nada más. La verdad es que hubo poca efusividad, poco calor, mucha serenidad para escuchar. El momento de mayor ansiedad, donde más se sintió el cosquilleo en el público, fue la llegada del helicóptero presidencial, producto de la lógica expectativa que genera el saber que un/a presidente/a está llegando a nuestra ciudad. Después, poco y nada. Los aplausos de ocasión, algún cántico allí adelante, cerca del escenario, y luego un silencio resquebrajado por momentos con el “¡no más represas!” de varias personas. Un grito de dolor en la inmensidad del silencio. Seguramente no ha sido de los discursos más logrados de Cristina. O yo fui con mucha expectativa. No sentí a una líder, sino a una Presidenta encabezando un acto.



Yo fui a ver a Fito. Varias semanas antes del acto, numerosas cadenas de mail y facebook promovieron el envío de cartas a Fito Páez y Teresa Parodi, los artistas prometidos, para que no vinieran a apoyar a la EBY. La cantante se bajó rápidamente, el rosarino lo hizo un tiempo después pero, a último momento, volvió a dar el sí. La pregunta es: ¿dar un espectáculo en ese marco, supone efectivamente apoyar a la EBY? Creo que hay que considerar la dimensión comercial en todo esto, a los artistas se les paga para que hagan su trabajo. Y ellos van y lo hacen. Y sabemos que con plata de por medio, las cuestiones éticas muchas veces trastabillan.

Del otro lado. ¿Todos lo que fuimos a ver a Fito estamos complacidos con la EBY? Definitivamente, no. Sería subestimar a la gente el decir que las cerca de 60 mil personas en la costanera fueron a vitorear la cota 83. Ese número, esa foto, será re-significada obviamente por los discursos oficialistas, que van desde las propias palabras del gobernador Maurice Closs hasta los medios de comunicación afines. Pero la gente también re-significa. No sólo estuvo Fito, sino también Raza Negra, que ya hace unos años llevó 50 mil personas en un mero recital gratuito. Habría que ver, entonces, si las personas no aprovecharon el hecho de tener a los artistas que admiran tan al alcance de la mano para disfrutarlos.

Yo fui a ver a Fito y a Cristina. Con el músico, quedé satisfecho. Dio una hora y media de show, correcto, coqueteando entre el rock furioso y las melodías plácidas de su piano. De Cristina esperaba más, o quizás tenía muchas expectativas. Fue un acto, simplemente. Un acto para celebrar un hecho que se dispara en miles de sensaciones cruzadas. Y ese sabor amargo de la impotencia.


(foto "No más represas" - misionescuatro.com)

lunes, 22 de noviembre de 2010

Llega el Hacela Corta 4

Este jueves 25 de noviembre se va a realizar el “Hacela Corta 4” como cierre del ciclo de exposiciones organizadas por un grupo de estudiantes de Comunicación Social. En esta ocasión habrá una muestra de cortometrajes y, al mismo tiempo, un recital de músicos locales, todo en el marco de un proyecto de Extensión de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales (FHyCS) que procura crear espacios para que principalmente los estudiantes relacionados al ámbito de la comunicación puedan compartir experiencias y formas de comunicar.

La muestra de los audiovisuales arrancará a las 18 hs. en el Aula Magna de la FHyCS (Tucumán 1946) y contará con documentales, ficciones, videos humorísticos, etc. Mientras que el recital se desarrollará desde las 20 hs. frente al edificio Anexo de dicha institución (en la calle San Lorenzo casi Mitre) y tendrá la participación de Fénix, Carayá Rock, La Plaga y Néctar.

Es importante destacar que las producciones de la muestra son el resultado de una convocatoria dirigida a estudiantes y a productores de audiovisuales, todos los expositores son locales. La Invitación para participar del evento va dirigida a los estudiantes de Comunicación Social, carreras afines y al público en general que quiera conocer y compartir las producciones locales. Como en cada evento Hacela Corta pretende el intercambio de experiencias y propiciar el encuentro para hacer conocer las herramientas comunicacionales, en esta oportunidad las audiovisuales

De esta manera, se cerrará un año donde el “Hacela Corta” promovió el re-encuentro con los relatos orales en un “fogón simbólico”, las producciones radiales y fotográficas y la reflexión acerca de cómo abordar diferentes temáticas (en conjunto con el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo). La idea originaria fue, en efecto, la de crear instancias donde las/os alumnas/os de los diferentes años de la carrera pudieran mostrar y contar qué sabían hacer y cómo.

Para más información, pueden visitar el blog hacelacortacomunicacion.blogspot.com o bien su espacio en Facebook. Por cualquier consulta, mandar un mail a hacelacortacomunicacion@gmail.com o hacelacortacomunicacion@hotmail.com

miércoles, 27 de octubre de 2010

La muerte que cuesta creer

Las primeras sensaciones son de incredulidad. Hoy de por sí ya era un día atípico por el censo, pero el mensaje de texto que me mandó un compinche me despertó con una noticia que todavía me cuesta digerir. Este 27 de octubre de 2010 murió Néstor Kirchner. Lo escribo y aún me cuesta creerlo. Y es que ese nombre lo he venido escribiendo y diciendo cotidianamente en los últimos ocho años: en la radio, en la facultad, en el laburo, en mi casa, en las largas discusiones entre amigos. Néstor Kirchner partió cuando era una de las figuras políticas más importantes y determinantes del país; sus decisiones, sus pensamientos, sus órdenes, sus malhumores, sus inquietudes se fueron traduciendo desde 2003 en constantes políticas nacionales que han modificado a la Argentina. Luego se verá si la modificó para bien o para mal, pero lo indiscutible es que lo hizo.

Lo primero que recuerdo es lo difícil que resultaba pronunciar su apellido. Y también el comentario de alguien que, cuando Duhalde comenzaba a impulsarlo como candidato a la Casa Rosada, me dijo mientras mirábamos la tele: “¡ja! ¿cómo es? ¿En este país hay que fundir a una provincia para después ser presidente?”. Y después fue presidente. Llegó porque Menem se bajó del ballotage; ese día, me acuerdo, me llenó de alegría la decisión del riojano que sabía, aunque es incomprobable ahora, que perdería en las urnas, no porque conociéramos a Kirchner, sino porque ya habíamos tenido suficiente en los noventa.

Y con incredulidad comencé a seguir, como cualquier ciudadano, su gobierno. Las primeras medidas me gustaron y empezaron a generarme simpatía, sobretodo sus políticas con respecto a los Derechos Humanos. Aquí vale hacer una pausa. Siete años después, hablar de DDHH en Argentina no es lo mismo que en aquel momento; cuando Kirchner asumió estaban vigentes las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, hoy están en marcha cientos de juicios contra los represores. Creo, no obstante, que se abusó en el uso discursivo de la “memoria” y que la cooptación de figuras como Madres de Plaza de Mayo no ha sido lo mejor para un proceso con contradicciones fuertes. Pero, reitero, ya no están las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

Esa simpatía primaria luego se fue re-elaborando con el acontecer de los años. Los errores graves de su gestión (el caso Skanska por caso) y esa actitud imperativa muchas veces irrespetuosa para con el pensamiento contrario me hicieron distanciarme de su figura. Pero sobretodo me molestó su continuo intento de separarse de los años neoliberales, años donde gobernó santa cruz, años donde acompañó a Menem. Durante su gobierno muchas empresas extranjeras siguieron explotando nuestras tierras: las mineras, las papeleras, etc. Es decir, hubo cierta continuidad neoliberal. Además, claro está, de su apoyo a la re-relección de Rovira en 2006 por ejemplo.

Pero sería injusto quedarme sólo con eso. El gobierno de Kirchner no sólo nos devolvió la posibilidad de juzgar a los represores, sino que también nos dejó una Corte Suprema indiscutible, una reestructuración del sistema jubilatorio que le abrió las puertas a miles de personas, una construcción latinoamericana menos empresaria y más popular, etc. Pero sobretodo una revalidación del rol del Estado en muchos sectores, y el Estado, quiero decir, es fundamental para todas/os las/os ciudadanas/os.

Las primeras palabras seguramente descuidan cosas, los primeros recuerdos resultan confusos, más aún ante la incredulidad. En 2007 no lo voté, pero en 2011 no descartaba hacerlo. Era un líder, discutible, seguramente, pero un líder sin el cual muchas cosas no se hubieran logrado. No fui kirchnerista, pero tampoco uno de esos antikirchneristas furiosos enceguecidos por el discurso del “feudalismo” y demás. Hoy, un día que iba a ser atípico por el censo, se volvió atípico por otra cosa: este 27 de octubre de 2010 la Argentina perdió a un dirigente que modificó al país. Reitero, para bien y para mal, pero son pocos los que puedieron jactarse de eso. Kirchner, fue uno de ellos.

sábado, 11 de setiembre de 2010

Un día frankfurtiano a la orilla del Paraná (2º Parte)

La revolución está en el mercado

Con la bufanda bien acomodada y su campera abrigada, Pedro salió a las calles de Posadas rumbo a la facultad. Cada vez que pasaba por una revistería se quedaba unos segundos mirando atentamente uno de los titulares del diario Primera Edición, le llamaba la atención la foto de una chico y una chica vestidos con guardapolvos, maquillados y sonriendo. Debajo de la imagen el titular mencionaba: “Esta noche la escuelita de Pozo Azul baila por un sueño” y el copete mencionaba la presencia de esa institución en el programa Showmatch de Canal 13. Él no solía mirarlo, pero la idea de ver a sus coterráneos en uno de los productos más populares de la televisión nacional lo tentaba y decidió que esa noche haría una excepción.

A propósito, entrar a la facultad en época de elecciones internas era todo un show. Una amplia variedad de íconos se desplegaba ante los estudiantes que, interesada o desinteresadamente, recorrían los pasillos. En una esquina, había unos afiches escritos a mano y un grupo de chicos de una agrupación de izquierda que repartían folletos. Uno de ellos vestía una remera que le llamó mucho la atención: estampado en el medio del pecho se erigía el “Ché” Guevara gritando a viva voz envuelto en una bandera argentina, “Por una Latinoamérica unida. ¡¡Hasta la victoria siempre!!” era el texto en rojo que se alcanzaba a divisar junto a la imagen. Continuando su camino, Pedro subió las escaleras y al llegar al primer piso se topó con otros dos carteles que también le despertaron curiosidad. A diferencia de aquellos que acompañaban a los chicos abajo, estos no parecían artesanales sino más bien industriales, por así decirlo. Estaban impresos, eran grandes y se repetían, ahora que lo recordaba, en cada uno de los pisos del edificio. Uno de ellos tenía un rostro femenino sonriente al lado de una serie de frases que no alcanzaba a divisar. Agudizando la mirada, Pedro pudo reconocer a “Evita” en aquella mujer y algunas palabras resaltadas en negrita: “Pueblo”, “Peronismo”, “Evita”, “Liberación Nacional”. Competía, le daba la sensación, con uno muy parecido que estaba pegado en la puerta de un aula y que mostraba a Alfonsín en primer plano, éste le costó menos leerlo porque debía entrar a esa clase y entonces indefectiblemente tuvo que acercarse: “Él nos enseñó a vivir en Democracia. Sigamos sus pasos y construyamos una Argentina de respeto, sin odios. Juventud Radical-Franja Morada”. Sin comprender demasiado, Pedro se aprestó a participar una vez más de la clase de “Historia Argentina I”, de primer año. Quizás así, pensó, entendería un poco más qué eran todos esos íconos.

Mecanismos económicos es uno de los primeros conceptos que se nos vienen a la mente para intentar comprender esa mezcla de íconos, ideologías, discursos y disputas de poder. Nótese cómo la industria adopta las imágenes para construir productos de consumo, meramente de consumo. Casi en un juego paradójico y cínico, una fábrica puede proceder a fabricar miles de remeras con la cara del “Ché” Guevara no con el objetivo de difundir la revolución cubana o las ideas del rosarino, sino para obtener ganancias. Inclusive, en una reducción rápida podríamos decir: el capitalismo se apodera de uno de los íconos más importantes de la lucha anticapitalista del siglo XX y lo vuelve mercancía. ¡Hasta eso lo vuelve mercancía! Pero no sólo es este caso. También podríamos mencionar lo mismo de “Evita” y Alfonsín que, vale aclarar, han sido personas con trayectorias distintas y sólo, sobretodo en el caso de Eva, con ciertos puntos en común con el Che. Pero los tres tuvieron preocupaciones sociales y un pensamiento colectivo. Con matices, por supuesto, pero alejados del lucro, la ambición y el deseo de ganar cada vez más y más dinero.

Al ritmo del chamamé

La llegada del mediodía es también la llegada del apetito, sobretodo siendo un estudiante universitario del Interior y en el primer año. Por eso, Pedro y sus amigos salieron disparados de la clase para ir al comedor universitario. El trayecto fue envuelto por un intenso debate sobre el gobierno de Juan Manuel de Rosas que únicamente se vio interrumpido al pasar por la puerta del pub Mentecato. Allí, un cartel gigante avisaba de la presencia de una vedette de la televisión nacional para el próximo fin de semana. Si bien en el grupo había varias chicas, fueron los muchachos quienes más prestaron atención a la imagen femenina y lograron enfadar a sus compañeras que, refunfuñando, no tuvieron más que mirarse entre ellas y confirmar: “Hombres. Son todos iguales…”. Una, dos, tres, las que sean necesarias serán las “estrellas” de la televisión que el mercado propondrá para que visiten los locales bailables de la Argentina mostrando porqué llegaron allí: la imagen. “Top Model”, “Famosa”, “Diosa”, “Moda”, eran algunas de las palabras que se podían leer en el cartel. Palabras que se repiten una y otra vez en cada uno de esos avisos y también en la televisión, la radio, los diarios e internet. Que se repiten y se vuelven habla cotidiana por el simple hecho de haberse repetido. Aquí es interesante una vez más lo que señalan Adorno y Horkheimer:

La repetición universal de los términos adoptados por los diversos procedimientos torna a éstos de algún modo familiares; así como en los tiempos del mercado libre el nombre de un producto en todas las bocas promovía su venta. (…) Infinitas personas emplean palabras y expresiones que o no entienden o las utilizan sólo por su valor behaviorístico de posición, como símbolos protectores que se adhieren a sus objetos con tanta mayor tenacidad cuanto menos se está en condiciones de comprender su significado lingüístico.” (Op. Cit.; 228 y 229, subrayado en el original)

Al llegar al comedor, una larga fila en la vereda les permitió entender que deberían esperar un largo rato antes de que les tocase el turno de comer. No obstante, en la radio que se escuchaba de fondo había un programa de música, así que por lo menos tendrían esa grata compañía. A pesar de eso Sofía, una de las chicas, se mostraba disgustada porque estaban pasando mucho rock y a ella le gustaba el folclore; hasta que finalmente sí comenzó a sonar un tema del “Chango” Spasiuk, “¿Vieron? El chamamé trae suerte” fue lo que atinó a decir cuando todos estaban llegando por fin al momento de retirar las bandejas con comida. Las risas y el saboreo del arroz fueron matizados, desde ese momento, por varios temas de Pynandí, el último trabajo del apostoleño.

El del “Chango” es un caso autóctono de re-apropiación de la Industria Cultural. Con una calidad musical única y una capacidad artística notable, el acordeonista triunfó en Europa y luego sí en Argentina haciendo música misionera: chamamé, chotis, corrido, etc. Hoy por hoy es uno de los músicos folclóricos más reconocidos por la industria nacional, no sólo llena teatros en todo el país sino que también tiene un programa en el canal Encuentro y muchos de sus recitales son transmitidos por Canal 7. No escapa a la lógica del mercado, pero en todo caso convierte en producto de consumo una música regional muy popular y arraigada en la identidad misionera. Algo que, en última instancia, no deja de ser positivo.

lunes, 23 de agosto de 2010

Un día frankfurtiano a la orilla del Paraná (1º Parte)


El desafío constante de quienes debemos reflexionar acerca de lo que ocurre en la sociedad es precisamente lograr cierta distancia pasajera de ella para poder comprenderla desde otro lugar. Esto exige un ejercicio doblemente difícil; por un lado, cuesta desembarazarse de nuestras percepciones cotidianas, de nuestros prejuicios y sistemas de clasificaciones. Pero por el otro, existe el riesgo de caer en la pura teorización, en categorizar y ajustar la “realidad” a un marco teórico que nos satisfaga. Doblemente complicado, entonces, será este viaje que sin embargo emprenderemos por los tentadores y engañosos caminos de la cotidianeidad. La cuestión aquí será identificar cómo actúa la Industria Cultural en el día a día posadeño, cómo nos atraviesa de manera imperceptible pero eficaz. No sin antes, claro está, hacer ciertos reparos.


Desde nuestra perspectiva, la Escuela de Frankfurt dio un paso necesario en los estudios de Comunicación Social. Rompió con el racionalismo utópico y sistematizante de las corrientes estadounidenses y le imprimió una mirada crítica a los procesos de mediatización y construcción cultural. En lugar de complementar y ser funcional al sistema de mercado, se le plantó enfrente, con la suficiente fuerza que el marxismo le proporcionaba, y lo denunció. El texto de Max Horkheimer y Theodor Adorno sobre el cual vamos a trabajar da un claro ejemplo de lo recién mencionado en el siguiente pasaje: “…no se dice que el ambiente en el que la técnica conquista tanto poder sobre la sociedad es el poder de los económicamente más fuertes sobre la sociedad misma. La racionalidad técnica es hoy la racionalidad del dominio mismo.” (Adorno y Horkeimer, 1992:178) No obstante, creemos que el análisis hecho desde la Teoría Crítica debería complementarse con otras corrientes, como por ejemplo los Estudios Culturales, ya que sino podríamos caer en la mera denuncia descuidando los procesos de resignificación y readaptación que los sujetos hacen del mundo que los rodea. En definitiva, lo que intentaremos mostrar es cómo un día común está inquietantemente acompañado por la Industria Cultural, pero sin desconocer que a pesar de ella, siempre hay un espacio de creatividad y resistencia, porque en última instancia la industria está hecha por los hombres y son ellos mismos quienes la pueden cambiar.


La mañana y el mediodía

Estamos al borde de la cornisa, casi a punto de caer


Despatarrado en la cama, Pedro descansaba de un fin de semana de festejos por el cumpleaños de un amigo. El otoño, presente ya hacía varios días, lo había obligado a taparse con varias sábanas, pero para esta altura de la mañana sólo lo cobijaba una que se había salvado de las patadas nocturnas. De repente, una música feroz estalló en el silencio y lo hizo despertarse exaltado y sorprendido. Era la alarma de su celular que le indicaba el momento de interrumpir el sueño y comenzar una semana más de estudio. Lo que sonaba era Persiana Americana, uno de los temas de Soda Stéreo que vino con el celular cuando se lo compró, justo coincidiendo con el tan publicitado retorno del grupo de rock hacia mediados de 2007. Tras ponerse un buzo Pedro, aún un poco confundido, se dirigió al comedor para prepararse un mate.


Hagamos una primera pausa. Detengámonos en esta simple situación: un celular cuya alarma despierta a un estudiante en una mañana más de lunes. En principio, nada llamativo; desde que el uso de los teléfonos móviles se masificó se hizo corriente que los despertadores de antaño hayan pasado a ser estos pequeños aparatitos. Pero lo interesante es analizar dos elementos de la escena anterior. Por un lado, el celular de Pedro seguramente es un modelo ya “pasado de moda”, ya que si se lo compró en 2007 quiere decir que tres años después aún continúa con el mismo artefacto y para la industria eso es estar “atrasado”. El secreto del mercado es el cambio constante, pero un cambio mínimo, casi imperceptible, que no obstante transforma al modelo previo en obtuso y le exige a los consumidores adquirir el nuevo pues está “más actualizado”. Revisando el artículo de Horkheimer y Adorno encontramos una frase que nos puede ayudar a reflexionar: “Para eso sirven el ritmo y el dinamismo. Nada debe quedar como estaba, todo debe correr continuamente, estar en movimiento. Porque sólo el universal triunfo del ritmo de producción y reproducción mecánica garantiza que nada cambie, que no surge nada sorprendente.” (Op. Cit. :193) Y pensemos en el celular de Pedro, ¿cuán diferente serán los modelos de ahora con respecto al suyo? ¿qué ventajas ciertamente notables presentan aquellos que el mercado lanza ahora en relación con los que salieron tres años atrás? Visto así, podríamos decir que en verdad hay poca diferencia entre uno u otro. Podrá ser una memoria más amplia para guardar imágenes o filmar, quizá una promoción de llamadas gratis, pero poco más. En última instancia, ambos siguen permitiendo lo más básico: llamar y mandar mensajes de texto, ¿acaso no es eso lo más importante?


El otro hecho tiene que ver con la presencia de Soda Stéreo en el paquete de contenidos del celular, una característica publicitaria que últimamente ha emprendido la empresa telefónica Personal. Cada cierto período de meses pone en circulación un nuevo producto acompañado de los artistas de rock que en ese momento están acaparando el mercado. Así, después de Soda Stéreo tuvieron sus momentos de promoción Babasónicos, Juanes, Los Fabulosos Cadillacs, etc. Esto que estamos contando también formó parte de una experiencia personal, en aquel 2007 un familiar nuestro se compró un celular Personal y dentro del aparato había varios temas de “Soda” y algunos fondos de pantalla. Allí estaba presente uno de los mecanismos de la Industria Cultural, el arte se convierte en mercancía y el espectador/oyente/lector se transforma en consumidor. Eso sí, una cosa no quita la otra. Soda Stéreo fue uno de los grupos más importantes del rock latinoamericano desde mediados de la década del ‘80 hasta los ‘90. Pero luego de su separación en 1997 no habían vuelto a tocar hasta que diez años después decidieron regresar para realizar varios espectáculos en Argentina y el resto de Sudamérica. Fue una época de mucha prensa, de mucha, mucha publicidad, de grandes ganancias en venta de entradas (los recitales se hicieron en estadios de fútbol siempre repletos) y marketing. Pero fiel a la industria, tan sólo fue una repetición. Probablemente sólo presentaron un tema nuevo, si es que lo hicieron, el resto fue el recuerdo de sus numerosos hits. Desde ya que mucha gente, sobretodo jóvenes que en los ‘90 eran muy chicos, disfrutaron del regreso fugaz y vivieron una experiencia que difícilmente olvidarán. De todas maneras, Pedro no había podido ir a verlos a River, tan sólo se había comprado el celular en aquel momento porque lo estaba necesitando. Y esa mañana de lunes, otoñal, la melodía le sirvió para recordarle que un día nuevo había comenzado.


(Este ensayo fue escrito en el marco de la cátedra "Historia y Crítica de los Estudios en Comunicación Social" y presentado en el VIII ENACOM realizado en San Salvador de Jujuy en agosto de 2010. Agradezco a la profesora Ernestina Morales que me ayudó a modificar algunas cositas para presentarlo en el congreso y a las/os chicas/os que me hicieron el aguante a la hora de la exposición, sobretodo al grupo del "Hacela Corta", compañeros entrañables de aventuras disparatadas)

lunes, 19 de julio de 2010

Lo peor de nosotros

Se suele decir que “pensando en caliente” no hay que tomar decisiones, que muchas veces decimos cosas que estando más tranquilos no diríamos y hasta que por momentos se llega a “perder la cabeza”. Desde hace un buen tiempo a esta parte la opinión pública se ha dado el tiempo para debatir temas claves, estructurales, que dispararon reacciones viscerales muy pasionales y, fiel a nuestro fanatismo por el fútbol, se asemejaron más a idas y vueltas entre hinchadas rivales que a discusiones serias sobre temas serios.

El pasado 15 de julio el Senado de la Nación aprobó un Proyecto de Ley que le permite a las minorías sexuales casarse y obtener los mismos derechos que el matrimonio le concedía, hasta el momento, únicamente a las parejas heterosexuales. Con 33 votos a favor, 27 en contra y 3 abstenciones, la votación fue un poco más holgada de lo que se pensaba, incluso contando con el apoyo de duros opositores al gobierno como los radicales Gerardo Morales y Ernesto Sanz. Pero el debate, la pelea política por aprobar la ley o rechazarla, tuvo semanas “calientes” desde que la Cámara de Diputados dio un dictamen favorable.

Lo peor de nosotros salió, una vez más, en forma de discursos enérgicos, violentos, discriminadores. Y lo que debía ser un debate sobre los derechos civiles se vio de repente trastocado por reflexiones de otro orden, del orden de las creencias, que develaron un grave problema de nuestros políticos: el no separar los tantos.


Cuando la Cruz no deja ver el bosque

Sumamente creyente y una de las referentes de la oposición nacional, la diputada Elisa Carrió (Coalición Cívica) dejó en claro su deambular entre la discusión sobre la ciudadanía (además es abogada) y sus convicciones religiosas. El punto central de su abstención fue precisamente su creencia religiosa: “…yo voto como cristiana, no puedo separar, porque no puedo ir al Santísimo por la mañana y acá a la noche decir otra cosa”. Ahora bien, la pregunta sería en todo caso: quienes votaron a Carrió, ¿votaron a una dirigente pública comprometida y con propuestas concretas o a una cristiana?


Y el terreno empieza a volverse escabroso, es verdad, porque uno comienza a meterse en las creencias, que son sumamente legítimas y nadie tiene porqué atacarlas. Pero un funcionario público quizás debería poder dirimir entre lo privado y lo público, para no cometer injusticias.

Los discursos opositores a la modificación de la Ley de Matrimonio, no solamente los pronunciados en la sesión, sino todos los puestos en escena durante estos días, estuvieron en su mayoría atravesados por los dogmas católicos, pero a su vez cargados de mucha violencia. En la jornada previa, por ejemplo, hubo una marcha multitudinaria en la Plaza de los Dos Congresos en “defensa de la Familia” en la que se esgrimía que la “normalidad” es que haya un padre y una madre. Lo que se afirmaba en esas posiciones era que Dios dispuso al hombre y a la mujer para procrear y mantener la especie, y que la homosexualidad es una enfermedad que va contra esa voluntad divina.

Ocurre allí una naturalización que merecer ser puesta en crisis. Se da por hecho, por inamovible, que las creencias católicas son leyes que rigen al ser humano desde siempre y que cualquier intento de modificación es una maniobra del “Padre de la Mentira” (Bergoglio dixit). En cualquier caso, habría que hacer un alto y repasar un poco la historia para comprender de dónde viene esa fuerte matriz católica en nuestra cultura.


Disputando el espacio público

Antes de la invasión española ocurrida desde 1492, los pueblos originarios de nuestro continente tenían sus propias creencias y prácticas referidas a la sexualidad. Había grupos donde se podían presenciar conductas que hoy en día catalogaríamos de “homosexuales”, “trasvestidas”, “incestuosas”, etc., pero que no tenían la carga negativa con la que hoy pesan. Es que en ese peso actual tiene mucho que ver la tradición judeo-cristiana que acompañó al etnocidio hispano-portugués en nuestras tierras.

Luego, desde el momento mismo de la llamada “Revolución de Mayo” en 1810, la Iglesia Católica se erigió en un factor de disputa del poder público y hasta el día de hoy se mantiene en ese espacio, en connivencia muchas veces con los sectores oligárquicos de nuestro país. Estos procesos se pueden encontrar mucho más ampliados en el libro “Pecar como Dios manda” de Federico Andahazi o en los textos de Felipe Pigna, Jorge Lanata, etc.

Es, por lo tanto, un discurso que se ha construido como hegemónico y por ello está presente siempre en la calle, en los medios masivos de comunicación e incluso en nuestros políticos. Pero lo cierto es que habría que re-pensar la inferencia de estos dogmas en la vida democrática de las/os argentinos.

Una Democracia secular

Que quede claro, por cierto. No es mi intención atacar las creencias católicas, puesto que son muy personales, tienen que ver con la fe y nadie es quien para juzgar al otro por lo que piensa. Pero sí me parece pertinente dar cuenta del lugar que ocupa esa institución en el campo de la política y dejar de naturalizarla. Y al mismo tiempo ver cómo las conductas de la Iglesia muchas veces destruyeron a nuestro país (mientras los padres Mugica, Angelleli, etc. daban su vida por los más pobres, la cúpula eclesiástica se codeaba con las dictaduras, unas tras otra).


Entonces, así como muchas veces les reclamamos a nuestros funcionarios que gobiernen para el bien colectivo y no atendiendo, por ejemplo, a sus intereses comerciales; me parece lógico, justo y sensato en estos casos pedirles que legislen para la sociedad y no para sí. El problema, en este caso, es que votando en contra se le estaban negando derechos legítimos a minorías argentinas.


Se dirá que fue una medida más del gobierno para pelearse con la Iglesia. Lo cual es parcialmente cierto porque en ambas cámaras no sólo votaron a favor legisladores del oficialismo, sino también del socialismo, la Coalición Cívica, el radicalismo, etc.

Se dirá que se hizo a las apuradas y que no tuvo el debate necesario. Pues bien, vasta con recorrer la trayectoria de las organizaciones que hace décadas pelean por los derechos de las minorías sexuales para ver que aquella afirmación es incorrecta.

Se dirán tantas, tantas cosas, muchas de ellas matizadas por la “calentura del momento”. Será cuestión, entonces, de dejar pasar el tiempo, re-pensar un poco y darse cuenta que la modificación de la ley ha sido uno de los paso más importantes de nuestro país en los últimos tiempos para promover una sociedad más equitativa, igualitaria e inclusiva. Una gran noticia, sin lugar a dudas.